ASTRO

ANAMNESIS

 

EL INCONSCIENTE DESVELADO

por Eliseo Gallardo.      

 

 

 

ANAMNESIS: “Proceso por el cual el alma, de naturaleza inmortal, recuerda los conocimientos adquiridos en una vida anterior, tanto en este mundo como en el otro, y que son olvidados al nacer de nuevo”. Platón.

 

INCONSCIENCIA: Estado en el que la capacidad de percepción y de actuar conscientemente están anuladas y el individuo no se da cuenta exacta del alcance de sus palabras o acciones.

 

… Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que andan por la tierra”.

Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó.

 

… Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer,  mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»

 

  La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»  Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»  Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y, cosiendo hojas de higuera, se hicieron unos ceñidores.

                                                                                         Génesis: Relatos de la creación.

 

 

Como herederos de esos nuestros “primeros padres”, como simiente viva del pecado acaecido en los albores de nuestra existencia…, seguimos expulsados del paraíso, y lo hacemos además como “acreedores” de una deuda, que exige una constante redención. El  dolor y el sufrimiento acompañan al ser humano desde entonces.

 

Si analizamos la metáfora subyacente en las líneas del Génesis, parece ser que fuimos expulsados del paraíso por el hecho de “alterar” nuestro estado original.

Con anterioridad a “la caída”, el hombre, viviéndose a “imagen y semejanza de Dios”, formaba parte de un paraíso que le permitía vivir sin ningún tipo de “defensas” (desnudo) y en el que todas sus necesidades estaban perfectamente cubiertas.

En el instante que comen del fruto prohibido… se les abrieron los ojos… y pasaron a ser “como dios”…, se vieron desnudos… y fueron / fuimos…, expulsados del paraíso.

Somos muchos, somos todos, los que en un momento u otro de nuestra existencia nos percatamos del hecho de no vivir ya en un espacio idílico. El hambre, la guerra, la desdicha, la enfermedad… invaden constantemente un espacio que, aparentemente, estaba reservado para nuestro goce y disfrute… Miramos hacia fuera y contemplamos esa “realidad” latente y nos acongojamos ante tanto odio, miseria e incomprensión y, parece ser, no podemos hacer nada para evitarlo.

Estamos condenados. Fuimos expulsados del paraíso. Debemos sufrir…

Y el proceso se repite, generación tras generación, y cada uno de nosotros es portador y parte inexorable de esa “culpa”. Nacemos para expiar… y expiamos… viviendo.

 

Pero…. ese “movimiento”, esa inercia… es inevitable?

Es evitable el sufrimiento?

Es posible que uno pueda, simplemente, evadirse del dolor?

Es posible… recuperar, nuevamente, el paraíso?

 

 Cada uno de nosotros nace en un determinado lugar, bajo unas determinadas circunstancias; y a través de ellas (o a consecuencia de ellas) vamos construyéndonos unos mecanismos inconscientes de defensa, un “abrigo” que, con el tiempo, pasa a dar forma a  nuestro carácter, a  nuestra personalidad y, en consecuencia, conforman lo que será, en el devenir del tiempo, nuestra vida, nuestro destino.

 

Pero… por qué tenemos cada uno un destino diferente? Y… Quién o qué determina la cualidad de los mismos? Por qué ha tenido uno que nacer en determinado lugar y en unas determinadas circunstancias? Por qué, en definitiva, se ha tenido uno que convertir en la persona que es, y no en otra persona?

 

Utilizaremos el código astrológico para tratar de dar respuesta a estos interrogantes:

 

Verum sine mendacio, certum et verissimum:

Quod est inferius es sicut quod est superius,

et quod es superius es sicut quod est inferius,

ad perpetranda miracula rei unius.

 

Verdadero sin falsedad, cierto y muy verdadero:

Lo que está de abajo es como lo que está arriba,

Y lo que está arriba es como lo que está abajo,

Para realizar el milagro de la cosa única.            Hermes Trimegisto (Tabla Esmeralda)

 

El mapa natal tropical es una representación gráfica, construida teniendo en cuenta el lugar y el momento exacto del nacimiento. Por lo tanto, ese mapa natal es único para ese individuo pues, aunque parezca obvio, si hubiese nacido en el mismo momento pero en otro lugar, o en el mismo lugar pero en otro momento, ya no tendría ese mapa, tendría otro. Por  consiguiente ese mapa, más que darnos información del nativo, nos daría información de las características, de la atmósfera y de las peculiaridades del entorno que le vio nacer. Nos permitiría…, no identificar a la familia (dicha definición sería distinta para cada uno de los miembros de la misma), sino identificar el cómo afectaron  cada uno de los elementos de esa constelación familiar, vistos desde la perspectiva del “poseedor” de ese mapa.

El código astrológico…, nos permite definir o identificar cómo “vivía” esa persona a su padre, en función de cuáles eran las circunstancias que él estaba viviendo en ese momento y a partir de ahí que es lo que aportó a su “atmósfera”, a su ambiente, a su… historia personal; de cómo “vivía” el individuo a su madre (y que tipo de “alimento” le proporcionaba), a sus hermanos, abuelos… su entorno en general. De cómo, en definitiva, percibía a cada uno de los elementos que constituían para el esa “realidad” llamada familia.

En función de eso, del tipo de atmósfera, del tipo de “temperatura” que se respiraba en ese “espacio exterior”, cada uno de nosotros tuvo que construirse unas “defensas”, un “abrigo” para poder adaptarse y sobrevivir a dichas impresiones. Es ese abrigo, esas defensas… lo que le dan forma a eso que, con el tiempo, se convierten en los elementos que conforman nuestro carácter, nuestra personalidad.

 

Permitámonos un inciso para hacer una reflexión:

Imaginémonos, por un instante, que en estos momentos sufrimos un síncope y a consecuencia del mismo fallecemos. Es lógico pensar que, en función de las experiencias vividas, cada uno de nosotros ha tenido que construirse un particular concepto de la realidad y un particular concepto de uno mismo.

De la misma manera, cabe suponer que, en el caso hipotético de haber vivido en una anterior encarnación, en función de las experiencias vividas, también debimos construirnos un particular concepto de la realidad… y un particular concepto de nosotros mismos. Distinto al actual…, si distintas fueron las experiencias vividas.

 

Permitámonos ahora, nuevamente, otra reflexión:

Cuando contemplamos (proyectamos) nuestra imagen sobre la superficie de un espejo…, éste nos devuelve, siempre, un reflejo, una imagen invertida de aquello que proyectemos.

 

Imaginémonos por un momento… que hubiésemos vivido en una anterior encarnación.

No es difícil suponer que, en función de lo vivido, nos debimos construir un particular concepto de la “realidad” y un particular concepto de nosotros mismos. Imaginémonos… que hubiésemos fallecido con ese concepto… y que hubiésemos vuelto a nacer. Al “abrir los ojos”, al contemplar la realidad que nos envuelve, lo que veríamos serían imágenes invertidas del concepto anterior.

Por ejemplo: Si uno “trajese” construida una imagen de la figura paterna muy presente, muy sólida…, en la actualidad “contemplaría” esa imagen de forma invertida, encontrándose en un entorno,  donde esa figura sería débil o ausente.

Al percibir ese entorno totalmente hostil (no olvidemos que estamos recibiendo imágenes invertidas de lo que “esperamos” sea la “realidad”), para adaptarnos a esas nuevas impresiones, para “sobrevivir” a ese entorno…, nos construimos unos “ceñidores con hojas de higuera”, un abrigo, unas “defensas”… que conforman esos recursos propios de nuestra personalidad/mascara y que con el tiempo le dan forma a nuestro actual carácter.

 

Las bases sobre las que se fundamenta la teoría de la ASTROANAMNESIS son las siguientes:

 

En el momento que, aparentemente, nos des-condicionamos de ese entorno, de esa familia, de esa atmósfera hostil; en el momento en que, aparentemente, somos adultos, salimos al mundo y tomamos nuestras propias decisiones…, a partir de ese momento…., utilizamos todos los recursos que nos proporciona ese nuevo carácter, esa nueva personalidad…, para salir al exterior y empezar a buscar, de manera compulsiva, a personas,  a meternos en circunstancias…, sobre las que “proyectar” los deseos y las necesidades propias de aquella vieja identificación.

Cada vez que hacemos eso, cada vez que “proyectamos” sobre alguien ese viejo deseo, esa vieja… necesidad…, la persona (o la situación) nos devuelve…una imagen invertida de aquello que pretendemos conseguir.

Para qué?  Para que no podamos, en ningún momento, volver a refugiarnos en una imagen, sino falsa, cuanto menos frágil e ilusoria de nosotros mismos. Y para que, en un momento determinado de nuestra existencia, seamos conscientes del hecho de que “sobrevivimos” al hecho de no tener… aquello que considerábamos, en su momento, totalmente imprescindible.

Es en ese momento, en el momento en que nos damos cuenta que hemos sobrevivido al hecho de no tener aquello que, considerábamos, era lo único que le daba sentido a nuestra existencia, cuando nos abrimos a un proceso de realización  personal, totalmente distinto, totalmente diferente, al hecho de vivir, de luchar, para conseguir… lo que en realidad no habíamos “necesitado” jamás.

 

El mapa tropical o “mapa de las estaciones”, confeccionado a partir del punto vernal o equinoccio de primavera, nos da información precisa de en qué época del año se produjo el nacimiento, de cual fue, en consecuencia, la “atmósfera” del individuo, el tipo de “temperatura” que envolvía su realidad, a partir de las influencias medio-ambientales generadas o provocadas en su espacio exterior, en su entorno inmediato: padres, hermanos, entorno familiar, social, cultural… etc, localizados éstos en el mandala tropical, a partir de la posición y estado cósmico de los diferentes elementos de la carta natal.

Todos sabemos de qué manera, ese mismo entorno, nos impide muchas veces desarrollar con libertad el despliegue de nuestras potencialidades. Poco a poco, a través de los distintos NO!!! Y del miedo a la pérdida de una “realidad” que nos “protege”, que nos “alimenta” y de la que nos sentimos parte, uno se va acomodando a lo que “la vida” espera de nosotros.

En ese ser frágil que es el niño, los adultos van proyectando (descargando), en ocasiones de manera despiadada, todas las frustraciones, complejos, miedos, anhelos, ilusiones… y un sinfín de distintas “inquietudes” internas, que ellos a su vez heredaron, condicionando de manera extraordinaria la construcción de la personalidad/carácter/destino… del individuo.

 

Determinadas orientaciones terapéuticas tienden a identificar esa armadura y a desmenuzar las distintas “capas defensivas” formadas originariamente por el paciente, que pueden haberle creado nudos, bloqueos o tensiones, transformándose, con el paso del tiempo, en traumas, complejos, fobias… y, llegado el caso, manifestándose en algún tipo de dolencia o enfermedad orgánica.

El origen de estas patologías, sería una excesiva identificación con esas “capas”, con esas defensas, que ayudaron a ese niño/a a sobrevivir.

Es esta implicación con lo “observable”, lo que los hindúes llaman Maya o ilusión, y todos corremos el riesgo de habernos identificado excesivamente con ella.

 

“La mayoría de la gente no quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, se hallan constantemente determinados por ella, porque siguen viviendo en una situación infantil no resuelta y reprimida. No saben que temen y evitan peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace tiempo. Son personas que actúan impulsadas tanto por recuerdos inconscientes como por sentimientos y necesidades reprimidas que, a menudo y mientras permanezcan inconscientes e inexplicadas, determinarán de forma pervertida casi todo lo que hagan o dejen de hacer.

…Lo que se denomina depresión y se siente como vacío, absurdo existencial, temor al empobrecimiento y soledad, se me presenta siempre como la tragedia de la pérdida del YO o de la extrañación frente a uno mismo, que se inicia en la infancia”.  Alice Miller El Drama del niño dotado (Tusquets editores)

 

 

El mapa tropical sería pues ese espejo (por lo tanto susceptible, en su matiz interpretativo, al “ojo” del observador), que nos permitiría identificar cual ha sido  el tipo de personalidad (máscara), cuerpo de defensas o “abrigo”, que tuvo que confeccionarse ese ser, a partir de sus particulares influencias medio-ambientales, para adaptarse, sobrevivir… y aportar a esa “realidad” aquellos elementos, aquellas substancias arquetípicas que sentía faltaban y anhelaba… para su propio equilibrio. Nos daría información… no de aquello que somos, sino de aquello en lo que nos hemos convertido para sobrevivir.

 

“Necesitamos redescubrir la esencia y luego nutrirla, amarla y cuidarla, como lo hubieran hecho unos padres más ilustrados. Dado que vivimos con la falsa personalidad, ésta debe emplear sus mejores recursos para realizar esta tarea. Gradualmente, la esencia puede crear y comenzar a utilizar los recursos, el reconocimiento y el poder que ahora la falsa personalidad utiliza automáticamente. En lugar de ser el habitual, digamos, dos por ciento de esencia y noventa y ocho por ciento de falsa personalidad, uno puede producir un cambio gradual que vaya incrementando cada vez más la esencia, la vitalidad y la alegría esencial en la vida y restringiendo la falsa personalidad. Esto requiere que, en adelante, se desarrolle el tipo más elevado de conciencia, al que llamamos despertar.

…La metáfora de la muerte es bastante exacta, puesto que la magnitud del cambio posible (o requerido) para despertar plenamente es como una muerte y un renacimiento. Como muchas tradiciones espirituales lo han manifestado de diversos modos: “ a no ser que vuelvan a ser como niños…”

Charles Tart  El despertar del Self (Edit. Kairós)

 

La Astrología Tropical podría ser llamada “astrología solar”.

Sus signos podrían ser más exactamente llamados “casas solares” o “signos equinocciales”. Su zodíaco mide la relación Tierra-Sol, pero no tiene una correlación directa con las estrellas fijas.

Como tal, su interés se centra en la psicología, la personalidad y tipo de caracteres, el lado solar de nuestra vida.

Pero… si entendemos que nuestro “destino” nuestra “realidad” personal no es más que un reflejo de nuestra “realidad” interna…

 

¿Qué es lo que condiciona que esa “realidad” sea esa exactamente y no otra?,

¿Quién, o qué determina que uno tenga que nacer en un momento determinado y no en otro, dentro del seno de una familia con unas peculiares características…

 y no otras?

¿Por qué, en definitiva, ha tenido que convertirse uno en la persona que es… y no en otra persona?

 

“El hecho de que pueda ver, o saber, o sentir lo que “soy” en este momento me demuestra, de manera concluyente, que eso que “soy” no puede ser, en modo alguno, mi ser real, verdadero. Es un ser falso, un seudo-ser, una ilusión y una trampa. Sin darnos cuenta, nos hemos identificado con un complejo de objetos que conocemos o que podemos conocer. Por ende, este complejo de objetos cognoscibles no puede ser el verdadero Conocedor, el Ser real, el YO. Nos hemos identificado con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra personalidad, imaginando que esos objetos constituyen nuestro verdadero “ser”, y nos pasamos la vida entera procurando defender, proteger y prolongar lo que no es más que una ilusión.

Somos víctimas de un caso epidémico de identidad equivocada, mientras nuestra identidad Suprema aguarda, con silenciosa certidumbre, que la descubramos.

…El sujeto y el objeto, lo interior y lo exterior, son y han sido siempre uno.

No hay demarcación primaria. El mundo es mi cuerpo, y el lugar que miro es el lugar desde donde me miro   Ken Wilber La Conciencia sin fronteras (Edit. Kairós)

 

Quizás… , el entorno en el que nacemos: nuestros padres, hermanos…, nuestra “atmósfera” familiar, no sean más que el reflejo de aquél viejo, falso y limitado concepto que nos hemos construido de la “realidad” y, por consiguiente, de nosotros mismos.

 

Quizás…, el vivir, el nacer en un entorno, en un universo que nos refleje fielmente (y no olvidemos que al “reflejarnos” veremos una imagen invertida de aquello que proyectemos/esperemos), sea la forma que tiene la vida de “sugerirnos” aquello de lo que nos venimos, precisamente, a desidentificar.

 

Quizás… sea esa la manera que tiene la existencia de mostrarnos cómo afectaron al mundo nuestras viejas pautas, nuestros viejos condicionamientos… sobre los que construimos nuestro particular y siempre limitado concepto de la vida.

 

El mapa de la Memoria Inconsciente, confeccionado en su vertiente de signos y casas como reflejo del mapa tropical y situando los arquetipos planetarios en correlación directa con la precesión de los equinoccios, pero en sentido inverso, nos permite identificar la forma particular que tenemos de entender e interpretar los distintos arquetipos, ayudándonos a reconstruir nuestro “viejo” mito personal. Aquello que, inconsciente y compulsivamente, volveremos a intentar construir (repetir), para así poder seguir “alimentándonos” de aquello que, creemos, es imprescindible para nuestra supervivencia; de aquello que, creemos, es lo que le da sentido a nuestra “realidad”.

 

“Como actores que interpretan los papeles según el guión que les han entregado entre bastidores, generalmente ignoramos que estamos exhibiendo unos sentimientos que ya pusimos en marcha en el distante pasado – a veces en vidas anteriores – e ignoramos así mismo las fuerzas cíclicas ocultas que a menudo provocan sus frutos. Ser conscientes de esos guiones kármicos es el primer paso para aprender a transcenderlos”

 Ray Grasse Soñar despierto (Edit. Abraxas)

 

Todos tenemos tendencia a repetir la “memoria”. Todos tenemos tendencia, en definitiva, a repetir lo que ya conocemos, pero…, posiblemente, para encontrarnos en nuestro recorrido a personas (espejos), circunstancias…, que nos ayudarán a “recordar” que esa realidad nos guía hacia el encuentro con nuestro self interior (Mapa Sideral), pero en absoluto nos identifica con él.

 

La Astrología Sideral podría ser llamada “astrología cósmica”. Sus signos son las constelaciones estelares. Su zodíaco mide la relación entre nuestro sistema solar, las estrellas fijas y la galaxia misma.

Se sugiere la observación de éste, como un “mapa” de potencialidades energéticas, como un elemento imprescindible de orientación, hacia donde iría encaminada nuestra alma en su proceso de evolución. En otro sentido, la podríamos definir como la referencia más precisa de nuestro self interior. Nos guiaría en el proceso de “reencuentro” con nuestra esencia individual.

 

Para un verdadero despliegue de nuestro Ser, no solo deberíamos ser conscientes de nuestro carácter, nuestra personalidad (sistema tropical), de las pautas inconscientes que lo condicionan y determinan (memoria inconsciente), sino también encaminarnos hacia la búsqueda consciente de nuestras verdaderas y profundas motivaciones y propósitos (sistema sideral) para el anhelado e inevitable reencuentro con nosotros mismos. 

                                                                                                                  

 

© Copyright  por Eliseo Gallardo.                 

 

 

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