Aries: El eterno bebé

 

 

© Copyright por Claudia Lamata de Gigli

 

El llanto de un bebé puede tener muchos  significados, tales como el deseo de la nutriente y tibia teta, la colita sucia, el chupete se perdió o bien los gasesitos molestan o muchas otras cosa más. Pero este niñito anuncia su deseo de una forma imperativa y categórica, él no puede esperar. Su atención está primera y mamá debe acudir a su llamado de inmediato. El bebé dice con su llanto estridente y coloreando su cabecita  de un rojo escarlata como “Yo quiero, la teta, el chupete etc., etc. “. Pero el yo quiero es revelador de sus deseos.

El bebé se comunica con el llanto o con grititos porque es la única forma en que sabe hacerlo. Cuando este bebé crece comienza a usar algunas palabritas para luego formar frases y así después de unos cuantos años hablar correctamente.

Muchas veces al observar a los bebés y su comportamiento los asocio al signo de Aries, en lo que tiene este signo de imperativo, fuerza, iniciación y también de infantil.

Nos podemos encontrar con nativos de este signo que son triunfadores, muy trabajadores, eficientes profesionales, pero en el fondo nunca dejaron de ser niños. Nunca olvidaron el “Yo quiero”, aún siendo hombres o mujeres adultos, lo siguen manifestando. Es gracioso observar con que facilidad un ariano/a sale de sus casillas cuando no consigue algo que desea o debe esperar para obtenerlo.  El rojo tiñe sus mejillas, mueve los ojos con nerviosismo y él también comienza a ir de un lado a otro con la cabeza delante y el cuerpo hacia atrás. El carnero se enfurece como lo hacía aquel bebé de la infancia cuando mamá demoraba con la leche.

Aries no sabe esperar, mejor dicho no puede esperar, es un signo cardinal y de fuego y es el primero de doce. Aries está con mucho entusiasmo para vivir su vida, para solucionar los problemas que se le presenten de una forma expeditiva y sabiendo obtener su utilidad.

Para este signo nada es imposible. Yo he escuchado frases como estas:

 

“¡No podés perder la Fe”!.

“Yo voy a seguir insistiendo, total el no ya lo tengo, voy a conquistar el si”.

“Y ¿Por qué voy a ceder?, no quiero.

“Si quiero lo hago, sino no.”

 

Expresiones todas estas donde el yo va primero y después lo demás. Como los bebés el ariano muchas veces marca una tendencia egoísta y hasta simplista. Primero son sus deseos y la satisfacción de los mismos. Egoísmo, muchas veces involuntario y sin intención de dañar a los demás, pero egoísmo al fin. Está muy concentrado en él mismo y en la energía que corre por sus venas.

Aries posee una vitalidad maravillosa para los nativos, pero para el resto devastadora. Parece que nada los cansara ni agotara, es la energía bruta, primaria. Desde que son pequeñitos dejan a sus padres sin fuerzas y tendidos boca arriba. Es esa fuerza y esa energía lo que provoca en estos nativos reacciones a veces bruscas o egoístas, en lo que respecta al trato con los demás. Es difícil para el nativo entender que los demás no poseen la misma resistencia, ni fuerza, ni voluntad, ni deseos de conquistar el mundo, ni librar la guerra de las galaxias. Para ellos es normal hacerlo a diario y por ende debe serlo también para el resto de los mortales. Por supuesto que estos son ejemplos generalizados, pero el que tenga un familiar o allegado del signo de Aries, podrá entender muy bien lo que lee.

Por otro lado a Aries le gusta jugar como lo hace un niño o bromear y molestar a cada miembro de la familia con chanzas. Y por sobre todas las cosas, ganar, siempre deben ganar. Desde un simple juego de cartas, hasta hacer la mejor broma a mamá o hacer llorar con más fuerza al hermanito. Pero siempre ganar y ser el primero.

Aries se esfuerza por lograr la victoria, es propio de estos nativos, odian ser segundos, detestan perder y lo manifiestan con cólera. Deben pasar por muchas cosas en la vida para entender que no siempre se puede ganar y que perder da paso a un poco de reflexión.

A estos nativos les gusta sorprenderse y lo hacen con la espontaneidad y frescura de un niño aún inocente. Es en este sentido que son simples y por momentos transparentes.

De más está decir que en una carta no solo es el signo solar lo que marca las características de un individuo, es todo un complemento e interacción de los planetas que hay en ella y de muchos otros elementos, pero los soles siempre prevalecen. Y en el caso de Aries es por demás notorio.

Cuando digo que Aries me remite a un niño, lo hago con la certeza de que este nativo siempre vuelve a empezar. El pequeñín se cae y vuelve a levantarse, repite este ejercicio muchas veces hasta que aprende a caminar.

Para Aries iniciar y reiniciar su vida por más difícil y dura que sea, no consiste en un obstáculo. A diferencia de Escorpio que renace con sus muertes, Aries nunca muere, simplemente no se lo puede permitir. Aries es el recién nacido, ¿cómo puede entender la muerte, la pérdida, la transformación o la transmutación? Él es perfecto, Dios lo hizo así de bien, como para pensar en que hay que cambiar cosas. De hecho que un largo recorrido le resta para enfrentarse con las crisis escorpianas, aunque la energía marciana a ambos signos los provee de esa profunda e intensa fuerza. El Marte ariano difiere mucho del Marte escorpiano, el primero piensa en ganar y no sufrir en el intento, solo lograr el éxito, ganar la batalla. El segundo gana cuando logra sufrir y hacer carne el dolor que lo ayude a matar sus vicios y renacer como un ser más íntegro.

Aries, el eterno bebé, nos infunde Fe y entusiasmo, elementos contagiosos y muy positivos. Son líderes naturales que pueden seguir utilizando el “yo quiero”, siempre que lo hagan con prudencia y con el corazón.

 

 

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