La media luna se considera, sobre todo en Occidente, el símbolo musulmán por excelencia. En cierto modo es así, prueba de ello es que corona los minaretes de miles de mezquitas a lo largo y ancho del mundo.

Sin embargo no es un símbolo universalmente aceptado por todos los musulmanes. Por ejemplo, la media luna que corona los minaretes (que en turco se denomina alem) es completamente desconocida en Irán, y al parecer en Asia Central sólo se generalizó a partir de la conquista rusa. Por otra parte tampoco es un símbolo exclusivamente musulmán ya que su uso se remonta muy atrás en el tiempo, y hoy en día es utilizado por multitud de culturas ajenas al islam, por tanto es incorrecto afirmar que la media luna sea el equivalente islámico a la cruz del cristianismo. Figura también, junto con una estrella, en la bandera de Turquía y en la de otros países tradicionalmente musulmanes, como Túnez o Pakistán.

En muchos cementerios civiles de todo el mundo la media luna se emplea para señalar las tumbas de musulmanes, de la misma manera que se utiliza la cruz para los cristianos o la estrella de David para los judíos. Incluso existe una Media Luna Roja, que es el equivalente a la Cruz Roja en los países de mayoría musulmana.

Respecto al origen de este símbolo, su historia no es del todo clara. Según el arquéologo William Ridgeway su origen estaría en amuletos hechos con dos colmillos de animales (principalmente jabalíes) engarzados en forma de media luna, un tipo de ornamento característico de muchos pueblos del mundo, y que en principio no tendrían un significado astral, sino sólo mágico, como talismán para adquirir la fiereza del animal, o la suerte para poder cazarlo. Estos amuletos habrían influido también en la forma de las herraduras, que como se sabe son un amuleto -en forma de media luna- para muchas culturas diferentes. Según Ridgeway, sólo más tarde este símbolo habría convergido con interpretaciones lunares.

Sea como fuere, lo cierto es que parecía inevitable que la luna, el astro más misterioso del firmamento, fuese adoptado como símbolo por numerosos pueblos y culturas. Su extraño ciclo mensual hizo que se la asociase con la muerte, pero también con la resurrección y la fecundidad. Las divinidades lunares podían ser masculinas (como Kaskuh para los hititas y Tsukuyomi para los antiguos japoneses) o femeninas (Artemisa-Diana en la civilización grecolatina, o Metztli en la mexica). Incluso el más moderno culto mariano se ha visto como una reminiscencia de los cultos lunares, y no faltan las representaciones de la Virgen junto a la media luna.